Collaterallogo
2 de septiembre de 2026

- Nos comparamos con los robots como si fueran una variante de nuestra especie.
- Los ganadores de la IA son los dueños de las infraestructuras.
- Filósofos en Silicon Valley, ¿para qué?

Uno de los nuestros

“Un robot chino bate el récord mundial de Usain Bolt en 100 metros lisos”.

En los informativos, pocas televisiones se resisten a ensalzar la proeza del humanoide (en realidad han sido tres) que ha logrado superar al atleta más rápido de la historia. Las imágenes aparecen en la sección de deportes, esa que glosa las competiciones que los humanos tenemos con otros humanos, a veces ayudados por artefactos tecnológicos sofisticados (Fórmula 1, MotoGP…), pero siempre con humanos al frente.

Los presentadores no ocultan su admiración. Sus sonrisas, el tono de la voz, las palabras que les dedican. Nadie se resiste a tratar a esos bípedos mecánicos como criaturas atléticas, algo torpes aún, pero capaces ya de grandes hazañas.

Pero ¿qué pintan las competiciones entre artefactos en una sección dedicada a glosar la capacidad atlética de las personas? ¿A qué viene tanto entusiasmo? ¿Por qué nos empeñamos, erre que erre, en comparar lo mecánico con lo humano y a entusiasmarnos cuando un artefacto nos supera?

En el trasfondo de esa fascinación por las proezas mecánicas subyace un relato que nos tiene comida la moral desde hace un par de siglos, por lo menos: el que nos compara siempre con lo mecánico, el que trata lo técnico y lo humano como variedades de una misma especie.

El valle no es lo inquietante

La teoría del Uncanny Valley considera que cuando los robots rebasan un cierto punto de realismo causan rechazo. La nueva robótica humanoide se empeña en superarlo.
El valle no es lo inquietante

Los ganadores de la IA están en la nube

Ni OpenAi, ni Anthropic, ni por supuesto las startups. Los ganadores de la economía de la IA serán los proveedores de infraestructuras de computación y gestión de datos.

Mientras compañías como OpenAI o Anthropic queman dinero a mansalva y todavía no tienen un modelo de negocio claro, los gigantes de la nube -Google (Alphabet), Microsoft, Amazon- están aprovechando la demanda masiva de computación para crecer y consolidar su poder de mercado. Cecilia Rikap en Project Syndicate

Si el poder se traslada a las infraestructuras, la democracia se debilita

A medida que la IA se convierte en la columna vertebral de la economía, el centro de gravedad del poder se desplaza:
  • De la ciudadanía y las instituciones democráticas hacia los operadores de infraestructuras de IA.
  • De una lógica de necesidad mutua (ciudadanos que votan, pagan impuestos, legitiman el sistema) a una lógica en la que los actores dominantes pueden funcionar con apenas una mínima dependencia de la población local.
Este panorama abre la posibilidad de que, en una sociedad dominada por la IA, los ciudadanos y la democracia se conviertan en “redundantes”: el sistema podrá seguir funcionando (y generando beneficios) sin necesitar su participación ni su consentimiento. Stephen Holmes en Project Syndicate

Contra los centros de datos

La oposición mayoritaria a construir megacentros de datos en Estados Unidos ha desconcertado a los políticos y a las grandes tecnológicas. El estado de Nueva York ha decretado una moratoria y la propia Microsoft ha echado el freno a algunas iniciativas.

La periodista Jasmine Sun ha recorrido algunos territorios donde existen o se proyectan megacentros de datos, ha constatado el malestar general y explica los motivos. Destaca cuatro factores:

- Los edificios que se proyectan son gigantes ruidosos y devoradores de agua y energía. En su entorno, los suministros básicos se encarecen.

- Los vecinos creen que las empresas hacen trampas al valerse de métodos secretos, acuerdos confidenciales, sobornos y presiones financieras a los municipios afectados.

-Contratarán poco personal para desarrollar productos que el ciudadano medio no considera necesarios.

-Sensación generalizada de estar siendo manipulados. Jasmine Sun

Meta quiere que en los centros de datos trabajen robots. Wired
Las protestas se profesionalizan. The Atlantic


Filósofos en Silicon Valley

Desde hace un tiempo, las grandes tecnológicas dicen contratar a filósofos. Una profesión siempre destinada a las aulas, ahora parece resultar atractiva para las empresas que lideran la innovación.

Hace tres o cuatro años, se puso de moda implantar departamentos de ética que vigilaran la idoneidad de las innovaciones. Los profesionales intentaron hacer bien su trabajo y la cosa no acabó bien.

Con los riesgos crecientes que supone el desarrollo acelerado de la IA, resurge el interés, pero ¿para qué querrán ahora a filósofos?

Esta misma pregunta se la hizo la filósofa inglesa Carmody Grey cuando Anthropic contactó con ella hace unos meses. Antes de rechazar la invitación estuvo pensando sobre el motivo de la llamada.

"Hay un interés comercial tan evidente en usar la filosofía para vender el producto que es inevitable que su manera de acercarse a las humanidades acabe siendo instrumental. Tienen una maquinaria de comunicación muy sofisticada, saben cómo montar un relato de seriedad intelectual y moral". El País

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