@sabateenric (enric@sabatenric.com)

Ciudad fría, ciudad cálida

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Dos modelos de ‘smart city’ compiten por el futuro: la de los usuarios y la de los ciudadanos

Mie Oehlenschlager– El futuro está en las ciudades. En 1950, aproximadamente mil millones de personas vivían en áreas urbanizadas de nuestro planeta; a finales de este siglo, las proyecciones de la ONU pronostican que el 85% de la población mundial, unos nueve mil millones de personas, vivirán en ciudades. Según un informe de Cisco de 2017, esta transformación, impulsada por la tecnología, está redefiniendo el negocio. Los beneficios potenciales de la transformación digital de las ciudades son enormes: 2.300 millones de dólares en todo el mundo en 2024. Pero cuando Cisco y otros hablan de beneficios, la pregunta es: ¿beneficios para quién? ¿Quién pagará el coste de unas ciudades cada vez más conectadas digitalmente?

Para encontrar una respuesta hay que preguntar a Karl-Filip Coenegrachts, ex-director de estrategia en Gante. Coenegrachts ha sido responsable de la definición estratégica de la ciudad, incluido el desarrollo smart city, la gestión de datos e información, la participación política, las relaciones internacionales, el marketing  y los programas de financiación europeos. Durante años, su trabajo se ha centrado en desarrollar el concepto de Ciudad de las Personas, la gobernanza abierta, la participación ciudadana, los espacios urbanos y las nuevas formas de democracia.

Coenegrachts considera que los beneficios de las llamadas smart cities son principalmente para las empresas, no para los ciudadanos: “Por ejemplo, cuando Google habla de privacidad, no se refiere a la privacidad de las personas, sino a que cooperes con ellos con tu privacidad“. Fue exactamente lo que dijo el año pasado Ann Cavoukian, consultora externa de privacidad de Sidewalk Labs, empresa propiedad de Google, sobre el proyecto de ciudad inteligente en Toronto: “No será una ciudad inteligente de vigilancia. Será una ciudad inteligente de privacidad “. (Cavoukian ha abandonado el proyecto).

¿Frías o cálidas?

La semántica es importante y actualmente Coenegrachts está elaborando un marco para diseñar la ciudad del futuro centrada en las personas y compara las ciudades inteligentes “frías” con las “cálidas”.

Una ciudad inteligente fría pone el foco en el marketing y en la competencia económica con otras ciudades. Se basa en la desconfianza, la tecnología se utiliza para vigilar a los ciudadanos y utiliza palabras como “controlar”, “monitorizar” y “gestionar”. La ciudad fría aprovecha un sentimiento general de temor por el futuro. Adopta una jerarquía de arriba hacia abajo, se basa en el capitalismo de vigilancia y conceptos neoliberales y el papel del ciudadano se asocia a palabras como consumidor, usuario, objeto, peligro potencial.

Desafortunadamente, de momento no hay muchas ciudades cálidas en el mundo:

“En Europa, muchas ciudades están evolucionando hacia un pensamiento económico neoliberal para complacer a las empresas. Se acostumbraba a considerar el bienestar de los ciudadanos como lo más importante. El bienestar de las empresas quedaba en segundo lugar. Muchas ciudades hacían lo correcto, pero debido a los cambios en el liderazgo (político) y la promesa de grandes cantidades de dinero y soluciones maravillosas por parte de las grandes empresas, en muchos lugares las prioridades se han invertido“, dice Coenegrachts.

Una ciudad inteligente cálida se caracteriza por centrarse en el desarrollo social, la sostenibilidad, buscar soluciones a retos locales y globales, y el uso de palabras como “empoderamiento”, “replanteamiento” y “confianza”. Una ciudad inteligente cálida mira el futuro de una manera positiva, tiene un enfoque de abajo hacia arriba, holístico, integrado y colaborativo. Se basa en conceptos ligados al bien común. Los datos y la soberanía digital están descentralizados y la ciencia ciudadana facilita que los propios ciudadanos utilicen sus datos. En general, los ciudadanos de las ciudades cálidas son co-creadores del progreso social.

¿Ciudades fantasma o con alma?

Según Coenegracht, las ciudades inteligentes  del futuro deberían beneficiar a las personas siguendo los principios de la ética de datos. La tecnología sólo debe ser un facilitador:

Las redes 5G no transforman la vida, simplemente te permite conectarte más rápido, pero no te la cambian. En China existen aproximadamente cien ciudades tecnológicamente impecables que no tienen alma“.

Barrio de Toronto que remodelará la filial de Google

Como ocurre en otras muchas ciudades que experimentan con alguna forma de conectividad, Toronto, en Canadá, se está convirtiendo en un ejemplo de ciudad inteligente fría. Está creando el “primer barrio del mundo urbanizado desde Internet”, un proyecto que algunos consideran el “conejillo de indias” de Google en la que su filial Sidewalk Lab está invirtiendo 50 millones de dólares.

A pesar de que no es exactamente una ciudad ‘fantasma’, según Bianca Wylie, miembro principal del Centre for International Governance Innovation in the Global Economy de Canadá, el proyecto presenta problemas: “(…) se han planteado muchas dudas sobre los datos: cuantos se recopilarán, cómo se utilizarán, quién será el propietario, dónde se almacenarán y muchas más. ¿Qué supone para las personas que viven en el barrio? No están sujetos a las leyes de libertad de información, por lo que tampoco podemos obtener información por esa vía.

Wylie cree que todos los datos deben ser públicos y pertenecer a la gente, no a una empresa opaca como en el caso de Toronto. Para ella, la pregunta central es: “¿Cuál es la versión pública de una ciudad inteligente? (no la versión de Google)”

Los datos deben ser propiedad de los ciudadanos para que puedan tomar sus propias decisiones

Para Coenegrachts una ciudad es su gente:

Las ciudades deben construirse sobre la confianza y deben crearse para la gente y por la gente. Necesitamos ciencia ciudadana que contribuya a abrir los datos de que disponemos para que los ciudadanos puedan usarlos. Los datos deben ser propiedad de los ciudadanos y estar bajo su control para que todos puedan tomar sus propias decisiones“.

Es curioso, pero cuando pides a los ciudadanos y no a las empresas que creen soluciones, a menudo se les ocurre algo de baja tecnología, ¡no de alta tecnología!

Mie Oehlenschlager
Este artículo se publicó originalmente en Dataethics: The People-Centric City is A Warm Smart City

Mie Oehlenschlager es consultora independiente especializada en la protección de los derechos digitales de la infancia, ética y cultura cibernética

Dataethics es una organización europea sin ánimo de lucro, políticamente independiente, con sede en Dinamarca y alcance global. Su objetivo es garantizar los valores humanos y la defensa del marco legal europeo en una sociedad dominada por los datos.
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