Dario Amodei, Demis Hassabis y Mustafa Suleyman. Fuente: Wikimedia Commons

Estamos advertidos

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Los líderes de la IA nos previenen del impacto que sus inventos van a provocar

 

Arrecia la incertidumbre sobre el futuro de la IA y la opinión de quienes la dirigen anda muy buscada.

Entre los líderes empresariales de la IA los hay de insensatos y de ponderados. Entre estos últimos estarían, por ejemplo, Dario Amodei, CEO de Anthropic, Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI, o Demis Hassabis, CEO de Google Deepmind.

En las últimas semanas, Amodei, Suleyman y Hassabis se han dejado ver en los medios y han expuesto abiertamente su visión.

Obviamente, hay que poner sus argumentos en contexto: los de unos directivos que velan por su negocio. Pero, con los debidos filtros, conviene escuchar a quienes dirigen y orientan el futuro de la tecnología, hoy más que nunca.

En términos generales, todos hacen una suerte de equilibrismo conceptual. Muestran, cómo no, esperanza en el futuro, pero a la vez advierten que la capacidad de la IA es más disruptiva de lo que la sociedad puede digerir. En otras palabras: nos dicen que aunque al final nos salvaremos, lo que están haciendo sus empresas va a provocar muchos problemas.

El más prolijo ha sido Amodei. A finales de enero publicó un extenso artículo titulado La adolescencia de la tecnología en el que identifica los principales riesgos que entraña la IA y las medidas necesarias para hacerles frente. 

De los diversos peligros que expone fijémonos en los relativos al impacto laboral.

Dice Amodei que “las nuevas tecnologías suelen generar crisis en el mercado laboral y la humanidad siempre se ha recuperado de ellas, pero la IA tendrá efectos mucho más amplios y se desplegará con mayor rapidez, y, por lo tanto, me preocupa que sea mucho más difícil que las cosas funcionen bien”.

Y añade: 

“Es posible que el mercado laboral sea lo suficientemente resiliente como para adaptarse incluso a una disrupción tan enorme. Pero incluso si finalmente logra adaptarse, el shock a corto plazo tendrá una magnitud sin precedentes”.

Propone diversas medidas para defenderse, aunque reconoce que “todas las intervenciones son formas de ganar tiempo. Al final, la IA podrá hacerlo todo, y debemos afrontarlo”. 

 

Nuestra capacidad de adaptación está en entredicho

Unos días antes, en una charla en el foro de Davos con Demis Hassabis, Amodei había vaticinado un reemplazo masivo de trabajadores a corto plazo. El 50% de los puestos de trabajo de cuello blanco podría desaparecer antes de 5 años, dijo.

Hassabis se mostró confiado en la capacidad humana para evolucionar y generar nuevos empleos, pero reconoció que los perfiles junior sufrirán. De hecho, ya se nota un frenazo en la contratación de becarios y jóvenes recién titulados. 

Para Hassabis, el gran reto será afrontar la incertidumbre sobre el sentido de la vida cuando el trabajo ya no sea la fuente principal de identidad de las personas.

Por su parte, Mustafa Suleyman, en una entrevista con Azeem Azhar, coincidió en parte con ambos. Con Hassabis en su preocupación por la pérdida de propósito humano si las máquinas lo acaban haciendo todo, y con Amodei en la capacidad de la IA de arrasar con los trabajos que conocemos.  

«En 20 años no va a ser necesario hacer el 90% de los trabajos que la gente hace ahora».

Argumentó también que aunque los mercados laborales siempre han acabado adaptándose a las revoluciones tecnológicas, el crecimiento exponencial de la IA puede anular esa capacidad. 

 

Como si no fuera con ellos

Resulta llamativa la habilidad que tienen los líderes tecnológicos, también los sensatos, para condicionar el futuro y, a la vez, situarse como analistas independientes que alertan a la sociedad de los peligros de la IA. Como si no fuera con ellos. Como si su papel se limitara al de meteorólogos avanzados que nos previenen de las tormentas que genera la naturaleza.

Amodei es el CEO de una compañía (Anthropic) que se dedica precisamente a acelerar el despliegue de la IA y que acaba de asustar a los inversores por la dimensión que pueden alcanzar sus inventos.

Unas semanas después de publicar el artículo, la bolsa estadounidense sufrió una ola de ventas provocada por el lanzamiento de nuevas herramientas de Claude, el chatbot de Anthropic, en particular una suite de plugins y capacidades como Claude Cowork que automatizan tareas profesionales de alto valor. Los inversores lo interpretaron como una señal de que la IA podría sustituir funciones que hoy generan muchos ingresos para empresas de software y servicios profesionales.  

También Hassabis (Google) y Suleyman (Microsoft) están en la primera línea de las empresas que lideran el mercado de la exponencialidad. 

Eso sí, tienen la generosidad de advertirnos de lo que sus empresas van a provocar. 

Muy amables.

Joan Rosés

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