Diversos trabajos científicos confirman el deterioro cognitivo que causa el uso habitual de herramientas de IA
Para muchas tareas, la IA es un alivio. Documentarse, redactar textos, preparar informes, elaborar ideas, gestionar datos, tomar decisiones… supone un esfuerzo que la IA y su colección de asistentes y agentes asociados, a menudo, nos ahorran.
Pero la comodidad tiene un coste, tal vez más alto del que somos capaces de percibir. Diversos trabajos científicos publicados recientemente lo ponen de manifiesto.
Aprender menos aparentando más
El estudio The Generative AI Learning Penalty: Evidence from Chinese Secondary Education ha seguido el comportamiento de 26.811 estudiantes chinos durante 30 meses. Concluye que la IA puede deteriorar significativamente la capacidad de aprendizaje a medio y largo plazo.
Cuando los estudiantes utilizan chatbots para hacer los deberes, el tiempo para hacerlos se reduce cerca de un 30 % y sus calificaciones mejoran alrededor de un 18 %. Genial!
Sin embargo, las cosas cambian cuando esos mismos estudiantes deben enfrentarse a los exámenes mensuales presenciales, obviamente si poder acceder a la IA. Las notas bajan un 20 % aproximadamente. En otras pruebas más exigentes, como las de acceso a la universidad, la caída oscila entre el 18% y el 24%.
La investigación identifica, además, que el impacto negativo se acumula con el paso del tiempo y puede tardar cerca de dos años en manifestarse plenamente.
Peores médicos…
El efecto de la IA en profesionales médicos e informáticos tampoco es menor. La revista Nature resume las conclusiones de diversos estudios.
Según una encuesta realizada en Estados Unidos, al 70 % de los enfermeros y al 77 % de los médicos les preocupa perder habilidades por la excesiva dependencia de los sistemas de IA. El entrenamiento y la práctica son esenciales para mantener la habilidad profesional. Si se reducen unas, se deteriora la otra.
Un estudio realizado en Polonia con médicos especializados en endoscopia confirma esta preocupación.
Médicos que han realizado más de dos mil colonoscopias a lo largo de su trayectoria profesional tuvieron acceso a un sistema de IA que analiza imágenes de los pacientes en tiempo real e identifica un tipo de lesión intestinal precancerosa llamada adenoma.
Antes de usar la IA, los especialistas detectaron al menos un adenoma en el 28,4 % de las colonoscopias. Pasaron un tiempo usando la IA y cuando el sistema dejó de estar disponible, la tasa de detección se redujo al 22,4 %.
…peores informáticos
Para investigar si los informáticos pierden habilidades por culpa de la IA, investigadores de Anthropic pidieron a 52 ingenieros de software que realizaran una tarea básica de codificación. Durante el ejercicio, los participantes podían buscar en la web y acceder a instrucciones sobre cómo realizar la tarea. A mitad de la prueba se les sugirió que también podían utilizar un asistente de IA.
Al final, se pidió a los ingenieros que completaran un cuestionario sobre lo aprendido. Los participantes que habían utilizado un asistente de IA obtuvieron peores resultados que quienes no lo hicieron: la puntuación media fue del 50 % en el grupo con IA frente al 67 % en el grupo sin IA. Los programadores que utilizaron la IA obtuvieron resultados particularmente bajos en las preguntas que requerían diagnosticar errores en el código, lo que sugiere que no habían comprendido los conceptos relacionados con el código que acababan de producir.
Escritura sesgada
Una de las funciones de IA más utilizadas son los asistentes de escritura. Es cada vez más común que usemos chatbots para revisar nuestros textos o que incluso les deleguemos parte o toda la redacción.
Tampoco esa comodidad es inocua.
Un estudio publicado en la revista Science ha analizado el impacto de los asistentes de escritura de IA que proporcionan sugerencias de autocompletado (propuestas para abreviar el trabajo de redacción).
Concluye que las sugerencias automatizadas pueden distorsionar el criterio de las personas sin que estas se den cuenta de que están siendo orientadas por un algoritmo sesgado. Los cambios inducidos pueden persistir a largo plazo y agravarse a medida que se utilizan asistentes de escritura con mayor regularidad.
El problema no es solo que los usuarios no se den cuenta, sino que, cuando se les advierte del sesgo al que han sido expuestos, a la mayoría no les importa.
En otro estudio realizado con más de mil participantes, un grupo de investigadores de la Universidad de Pensilvania constató que el 73,2 % de los usuarios estaban dispuestos a aceptar razonamientos erróneos de la IA, mientras que solo los rechazaban en el 19,7 % de las ocasiones.
“Las personas aceptamos fácilmente los resultados generados por la IA, a menudo con apenas resistencia o escepticismo. Los resultados aparentemente fluidos y seguros se consideran epistémicamente autorizados, lo que reduce el umbral de escrutinio y atenúa las señales metacognitivas que normalmente conducirían a una deliberación”, escriben.
La tecnología siempre condiciona
Cualquier tecnología altera de una forma u otra el comportamiento humano. Las facilidades que aporta desarrollan algunas habilidades y deterioran otras. Cuando, por ejemplo, usamos calculadoras o sistemas GPS, nos liberamos de una carga cognitiva específica para emprender un tipo concreto de tareas. Las delegamos a mecanismos y algoritmos automatizados, pero conservamos nuestro propio criterio para supervisar y evaluar los resultados.
Los investigadores de la Universidad de Pensilvania consideran que los sistemas de IA favorecen una forma categóricamente diferente de «rendición cognitiva» cuando ofrecen a los usuarios un razonamiento artificial fluido y consistente que, o bien parece no exigir supervisión o verificación, o exige tanto esfuerzo hacerlo que resulta inviable.
La tecnología siempre influye, pero la IA generativa es «la primera que automatiza facultades cognitivas relacionadas con el pensamiento y la interpretación que durante mucho tiempo se consideraron habilidades exclusivamente humanas.» Las consecuencias empiezan a manifestarse.
Joan Rosés