La euforia desatada con la IA puede culminar con las megasalidas a bolsa de Anthropic y OpenAI y anticipar el estallido de la burbuja
La IA generativa es capaz de producir cada día más, pero, de momento, no hay constancia de que lo haga mejor.
El profesor norteamericano Gary Marcus abunda en esta idea.
«La IA genera mucha producción (lo que encaja con la noción de productividad que tienen muchas personas), pero no ha generado un gran retorno de la inversión y no ha modificado sustancialmente el PIB.»
Es decir: mucha productividad nominal, pero poco impacto real.
Marcus cita algunos gráficos publicados en Financial Times y The Washington Post que muestran lo mismo una y otra vez: estamos siendo inundados de contenido generado por IA, desde aplicaciones y música hasta artículos científicos, pero eso no significa que ese contenido sea bueno. La mayor parte no lo es.
Producir más solo es más productivo si lo que haces, además de más barato, es igual o mejor.
¿Más barato?
¿Realmente la IA hace que los productos y servicios sean más baratos? Conocer los costes reales de la IA es uno de los enigmas que impide a muchas empresas incorporarla plenamente a sus procesos.
Ed Zitron, uno de los críticos más incisivos de la IA, lo resume así:
“Nadie puede medir realmente el retorno de la inversión (ROI) de la IA, ni siquiera crear una medida estándar del coste de una tarea, debido a la inevitable propensión a las alucinaciones de los LLM y a la creciente lista de diferentes arneses e interfaces «agenciales». Cada solicitud, proyecto e interacción puede salir mal de una forma difícil de predecir o planificar, salvo manteniendo una vigilancia constante para que la supuesta «inteligencia» no haga algo catastróficamente estúpido.»
Y sigue:
«Los últimos años de euforia en torno a la IA se han basado en mentiras. Todas las empresas han conspirado para hacernos creer que la IA es asequible y sostenible, que la rentabilidad era posible, que las alucinaciones tenían solución y que cualquier problema que enfrentáramos hoy era consecuencia de estar en sus inicios. La industria de la IA ha absorbido más de un billón de dólares, prácticamente todo el talento tecnológico, la mayor parte de la financiación de las startups, la mayor parte de la cobertura mediática, el arte y el trabajo de millones de personas, y se le han dado innumerables oportunidades para solucionar los problemas evidentes y flagrantes.»
Las grandes, a bolsa
En este contexto de dudas, se prepara la salida a bolsa de las dos grandes de la IA: Anthropic y OpenAI.
Hay gente muy entusiasmada con eso.
En el área de San Francisco, por ejemplo, donde el precio medio de la vivienda supera los 2 millones de dólares, algunas inmobiliarias aceptan acciones futuras de Anthropic como medio de pago.
«Acciones de una empresa que todavía no cotiza, que aún no ha demostrado beneficios sostenidos y que vale, sobre el papel, casi un billón de dólares. La casa por unos papeles que valen lo que el futuro quiera que valgan.» (Carlos Guadián)
Diversos analistas advierten del riesgo de la situación. Alberto Romero resume sus advertencias.
«No se trata tanto de una oportunidad como de una forma para que los primeros inversores transfieran años de riesgo acumulado al mercado público. Están compitiendo, sí, pero no entre ellos; compiten contra nosotros. La salida a bolsa es la vía que tomarán los iniciados para salir de la burbuja de la IA.
Si el mercado se da cuenta de que la burbuja era realmente una burbuja, las posibilidades de Anthropic y OpenAI de obtener grandes beneficios se desvanecen. Sin embargo, si esto ocurre, los problemas se redistribuirán a la economía en general. Privatizar las ganancias, socializar las pérdidas, o algo por el estilo. Si la brecha entre lo prometido y lo cumplido es fundamental en lugar de temporal, somos tú y yo, la gente común, quienes salimos perjudicados.”
Hay quien compara la posible burbuja de la IA con la de las puntocom. Ed Zitron, sin embargo, cree que es mucho peor.
«Tras la crisis de las puntocom la economía se recuperó porque existía una infraestructura útil que podía adaptarse y utilizarse para abaratar y optimizar los recursos. No es el caso de los centros de datos, las empresas emergentes de IA ni nada que tenga que ver con la burbuja de la inteligencia artificial.»
Mark Harnett, director de estrategia del Bank of America, coincide. Por eso ha advertido a sus clientes que las megasalidas a bolsa conllevan un riesgo similar al de los locos años veinte del siglo pasado, cuando hacerse rico parecía al alcance de cualquiera.
Joan Rosés